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La vida del estudiante (2)

Cena de traje:

Carine estaba recorriendo la costa de Andalucía, había visitado las provincias de Almería, Granada y Málaga. Ahora estaba en Cádiz, la ciudad que es casi una isla.
Allí había quedado con el amigo de una amiga, un chico español que había estado viviendo en Rotterdam y había conocido a su amiga hace años.
Ella le dijo que cuando llegara a Cádiz le llamara por teléfono, a ver si podían verse.
– Hola, soy Carine, la amiga de Léa.
– Hola. Léa me dijo que pasarías por Cádiz. ¿Dónde estás?
– Ya estoy aquí, ahora estoy en una playa que se llama la Caleta.
– Espérame debajo del magnolio, es ese árbol tan grande que verás detrás de ti.
– Lo veo.
– Llego en diez minutos.
– Te espero.
Jaime llegó quince minutos después y se llevaron muy bien, dieron una vuelta por las largas calles, tomaron unos vinos de Jerez y unas tortillitas de camarones. Él le dijo que hablaba muy bien el español. Ella se alegró, era la primera vez que hablaba tanto tiempo el idioma que llevaba estudiando meses. Llevaban horas charlando.
Antes de despedirse Jaime le preguntó si ella se quedaba algunos días más.
– Sí, tres noches más.
– Perfecto. Pasado mañana tenemos una cena de traje en mi casa. Estás invitada. A las diez en mi casa. Apunta mi dirección. Calle Veedor, número 8, segundo izquierdo.
– ¡Qué bien! Allí estaré. Gracias.
– Hasta el viernes.
De vuelta al hotel Carine se dio cuenta de que no tenía ningún traje con el que ir a la fiesta, así que investigó y encontró una tienda en la que podría alquilarlo para un día. Le pareció un poco extraña la obligación de ir con traje a una cena informal, pero pensó que podría ser algo típico de España o de Andalucía, algo así como una fiesta de disfraces entre amigos.
El viernes, a las diez menos diez y con su traje puesto, llamó al timbre de la casa de Jaime. Todavía no había llegado nadie, ni siquiera estaba él, así que esperó fuera, sentada en un banco de madera.
A las diez y diez llegaron casi todos, pero nadie llevaba traje, solo bolsas de tela. Supuso que llevarían los elegantes trajes dentro. Saludó a Jaime y a sus amigos y juntos subieron al segundo piso por las escaleras.
En el salón todos empezaron a sacar cosas de las bolsas, pero no eran trajes, sino comida, platos preparados y envueltos con papel. También sacaron cubiertos de metal y vasos de cristal.
¿Dónde estaban los trajes?
¿Ella era la única que había traído un traje?
Se preguntó Carine.
Aprovechó que Jaime estaba en la cocina para hablar con él.
– ¿Ninguno lleváis traje?
– No. ¿Por?
– Pensé que era una cena de traje…
– Jajajajaja. Pero de yo traje esto para la cena, no de traje de vestido.
– Jajajajaja. Jajajajaja. ¡No puede ser! ¡Esto no lo estudié en clase!
– Te liaste con el sustantivo y el pretérito indefinido.
– Sí. Jajajajaja. Pensé que había que traer puesto un traje.
– No. Disculpa si me expliqué mal.
– No pasa nada. Es muy divertida la confusión. Pero yo no traje nada de comida, solo un traje alquilado.
– No pasa nada. Habrá comida de sobra.

Idea original: Jesús Jiménez Prensa

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1. Consulta aquí la conjugación del verbo traer:  https://dle.rae.es/traer#conjugaciongnicNhQ
2. Lee aquí la definición de traje: https://dle.rae.es/traje?m=form

 

admin
Cena de traje:Carine estaba recorriendo la costa de Andalucía, había visitado las provincias de Almería, Granada y Málaga. Ahora estaba en Cádiz, la ciudad que es casi una ...
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